El. Usuario. Va. Primero. Siempre.

Mauricio Angulo Sillas

Hace unos días me apareció en LinkedIn un post interesante, en el que se ponía en cuestionamiento la relación que hay o debería haber entre pensar soluciones no solo para los usuarios, sino para los negocios detrás de los productos que diseñamos.

Los comentarios de dicha publicación se dividieron de alguna manera, entre aquellos que afirman que el usuario debe ser, sí o sí, el inicio de un proceso de diseño centrado en el usuario (y que tiene bastante sentido ¿no?, está en el nombre mismo del proces), y entre los que defendían que es necesario entender al negocio y sus necesidades antes de si quiera pensar en un usuario.

Todo esto me hizo pensar en algo que podría parecer ajeno al tema: en Aldo Manuzio, editor/librero veneciano del siglo XVI. La historia de la imprenta y de aquellos que han dedicado su vida al libro está plagada de historias de fracaso. Los editores o impresores casi siempre acaban en desgracia económica, con obras bellísimas que solo son rescatadas y valoradas siglos después (en el mejor de los escenarios).

Pero la historia de Aldo Manuzio es distinta: es la mezcla perfecta entre un artesano y un empresario. Fue el primer personaje en la historia del libro que entendió que hacer y vender libros era un arte, sí, pero también tenía que ser un negocio.

¿Por qué viene al caso este personaje? Porque, sin que ese concepto estuviera siquiera en el aire todavía, Manuzio estaba diseñando experiencias. Estaba pensando en el usuario (que al mismo tiempo era su potencial cliente) cuando ideo e implementó una solución libresca que mantenemos hasta hoy: el libro de bolsillo.

El impresor italiano ubicó una necesidad de la época: por un lado, que la gente pudiera leer y procesar el conocimiento grecolatino. Imprimó libros en griego que podían llevarse en el bolsillo. Él había sido pedagogo y gramático, se había desarrollado en la academia, conocía de cabo a rabo a lo que hoy en día llamamos “usuarios”.

Su solución fue pensando primero en esos usuarios, y, al solucionar su problema genuinamente, esto fue necesariamente un negocio próspero.

Hoy diseñamos soluciones para el mundo en el que vivimos. Una enorme cantidad de ellas son digitales, orquestadas por gigantescas empresas que privilegian sobre todo la ganancia. Pero los humanos seguimos siendo los mismos: tenemos necesidades que debemos cumplir, y muchas de ellas, las solucionamos consumiendo. Comprando. Pagando.

¿Quieres diseñar productos que funcionen y perduren? Sencillo y complejísimo a la vez: piensa en el usuario. Hay pruebas de que eso funciona desde hace más de 500 años.